Lumbra

Airecito

Llevo conmigo un gran baúl, repleto de cosas ordenadas y otras desordenadas. Entre ellas hay una categoría que no se puede clasificar, ni en orden ni en desorden, ni en cosa ni en pensamiento, ni vegetal ni animal. 

Acaricio las teclas cuando me quedo pensando, a veces acaricio los pensamientos otras los rasco fuerte, con nervios, como cuando pica algo y rascas con ganas para aliviar el picor. Sí, me pican a veces los pensamientos, a veces me escuecen.  

Cuando pienso y noto como un airecito fresco, airecito de madrugar sin prisa cuando ha llovido por la noche, siento alivio. Cuando huelen tierra mojada las ideas, ahí está la conexión, me genera una sensación de bienestar, de vida, de propósito de vida, que quiero agarrarme fuerte a ese chispazo y hacer siempre esto, conectar. 

Me pregunto si conectar es comprender y resulta que «Comprender es aliviar» escuché a no recuerdo quién.

En fin.

Ahora estoy conectando porcelana y metal, es un lio bien grande hacer esto con gracia, la conexión ha de cumplir con muchos requisitos, que sea limpia, a veces invisible, procurando no utilizar adhesivo, funcional, decorativa, que no entorpezca el ojo y aporte algo a la pieza que estás elaborando… una banda sonora, vamos.

En mis ensoñaciones me gustaría ser el Ennio Morricone de esto, pero me conformo con hacer una musiquita que no entorpezca la historia y acompañe a los personajes en sus aventuras.  Seguiré soñando con componer el Oboe de Gabriel un día.

En fin, otra vez.

Esta noche dormíamos con las ventanas abiertas y durante la tormenta se nos han metido dos murciélagos en la habitación, ha sido un evento de lo mas surrealista porque además estaba dormidísima y no estaba entendiendo nada, se han quedado un buen rato si ser capaces de salir, daban vueltas y vueltas, eran como las dos de la mañana, uno ha salido por fin y me he dormido con el otro sobrevolando nuestras cabezas, debe se haber salido por fin o eso o mi marido ahora es Batman.

El caso es que unos murciélagos y una noche de lluvia … oigo crepitar mis hemisferios, así que me voy a estudiar un poco las alas de los murciélagos, y a ver qué pasa.

De momento he recordado este adorno para el pelo o para una chaqueta gordita de lana. Formaba parte de un proyecto de sobre Leonardo Da Vinci que hice en un curso de porcelana. (buscad alas y Leonardo y comprenderéis)

Pues nada que sigo conectando porcelanas y plata y la semana que viene llega con mucho contenido.

Manos a la obra.

Andrea & que si esto que si lo otro.